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domingo, 30 de diciembre de 2012

Planteamiento del problema filosófico


Cuando hablamos de ética y de moral, nos asalta de inmediato la idea de lo bueno y lo malo. Al hablar bien y del mal, no podemos dejar pensar en Dios.

¿Creó Dios el mal?
Es la interrogante en la cual pensamos de inmediato. Y la razón de esa duda, es uno de los orígenes del filosofar. Y es que esa duda siembra la inconformidad propia del hombre, le impone la curiosidad que lo lleva a la investigación, y con ella finalmente a la búsqueda de la verdad.

Examinaremos ciertas dudas que serán discutidas para abrir una mejor comprensión de un tema que debe ser analizado filosóficamente y libre de pasiones peligrosa; no queriendo decir con esto que religiosos o ateos no puedan entrar en polémica, sino que sus criterios deben de conjugarse entre sí para aportar cada quien sus verdades en la solución fidedigna del problema.

¿Por qué decidió Dios crear?
El acto de Dios para crear fue una decisión total mente libre, situación en la cual, las criaturas, incluido el hombre, son dependientes de Él para el pleno goce para el que fueron creadas.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, revestido con el don del lenguaje para poder relacionarse con él y entrar en comunión.

Dios crea primero el Universo antes de crear al hombre. ¿Lo hizo siguiendo algún orden lógico? Según el génesis de las sagradas escrituras Dios dijo "Fiat lux" y la luz fue hecha. Poco después Dios crea las estrellas que alumbran el firmamento. Después de haber creado, los cielos y la Tierra y todo lo inmaterial del Universo, Dios crea los animales y finalmente al hombre. En el hombre existe criterio consciente capaz de discernir por medio de juicios, la calidad de sus acciones, y con ello, llega el advenimiento del bien y del mal.

¿Por qué creó Dios al hombre capaz de pecar?
Dios creó al hombre con amor, que es un acto libre. Un ser creado no puede amar si su adhesión no es libre. Cuando Dios ordenó al hombre a amar fue con sus mandamientos y esto es posterior a la caída del hombre en pecado. Al querer semejarse a Dios, el hombre desobedece a su creador y con ello demuestra su libertad de actuar y, a veces de pecar.

Si Dios es bueno, ¿de dónde surgió el mal?
El mal no aparece por creación, emerge de un rompimiento de las relaciones existentes entre el ser inteligente creado y su creador, cuando por desobediencia de un mandato, el hombre conoce lo que es el pecado. Entonces, el misterio del pecado. Y con el pecado nace un nuevo mal, que es el castigo a ese pecado.

Dios no habría permitido el mal si no hubiera querido hacer de este mal un bien mayor.

martes, 11 de diciembre de 2012

La verdad como creación humana


La verdad es un término de difícil definición, a pesar de ser un concepto que el hombre utiliza en cada momento de su vida.
La verdad es algo fundamental en la vida humana, que, a modo personal, creo que sólo Puede definirse en términos de lo que no es.

La verdad, se ha configurado como un concepto abstracto de gran influencia para todas las disciplinas, de esta manera, al lograr definir con exactitud la verdad, y en ciertos términos, la realidad, se logran establecer enunciados imposibles de refutar.
La verdad es algo tan fundamental que no solo se comporta como uno de los problemas filosóficos por excelencia, sino que es también una de las bases del comportamiento social humano. No es posible establecer relaciones sociales significativas y duraderas sin tener la facultad de confiar en un otro.
Una vez que la confianza se rompe, el establecimiento de relaciones con otros significantes se vuelve bastante difícil. De este modo, una vez que nuestro comportamiento comienza a basarse en aspectos que poco se relacionan con la verdad, las relaciones basadas en la confianza se rompen y poco queda de relaciones sociales valorables.
Si bien las verdades fácticas o empíricas, como el peso de un objeto, su tamaño o el resultado de una suma, son verdades absolutas e indiscutibles, las verdades en el ámbito filosófico se vuelven mas relativas, y si llegamos al plano metafísico o de verdades espirituales, el tema se vuelve mas complicado; cada cual defenderá su punto de vista o su “verdad”.
Un punto importante en torno á la verdad espiritual, es la tolerancia frente al significado que pueda tener este concepto pura lo, demás; históricamente se han librado guerras en torno a ella, y es mejor comprender que dadas nuestras limitaciones y particularidades culturales y sociales es posible concebir a Dios de diferentes maneras, como un grupo de ciegos que se acercan a un elefante e intentan determinar qué es lo que tocan; todos tocan una parte distinta del elefante t y por lo tanto discuten sobre la naturaleza de lo que están tocando, y sin embargo para todos ellos es lo mismo, solo que están "viendo" aspectos diferentes de una única verdad. 

La teoría de la verdad como correspondencia


La teoría de la verdad como correspondencia es quizás la teoría de la verdad más extendida. Según esta teoría, la verdad consiste en una relación de adecuación o concordancia entre el entendimiento que conoce y lo real conocido como realidad; junto con la expresión de un lenguaje, lenguaje propio de la ciencia, que expresa la verdad del conocimiento.
No obstante en la actualidad, la no aceptación de un conocimiento metafísico de lo real, hace que esta teoría se considere referente a una oración o expresión lingüística que es verdadera cuando lo que dice es el caso.
Ludwig Wittgenstein sostiene en su Tractatus logico-philosophicus que el lenguaje -como serie de proposiciones lógicas- es una figura de la realidad. Según la versión tomista de la adecuación, es el intelecto el que debe adecuarse a la realidad: es decir, debemos pensar las cosas conforme a lo que son.
Así, la proposición "llueve" será verdadera si, efectivamente, llueve en el momento en que se profiere; la proposición "Dios existe" será verdadera si Dios existe, etc.
Arte, verdad e interpretación. Se ve al arte como una relación con la verdad. El proceso de formación de la obra artística es interpretativo porque se establece un diálogo del artista tanto con la materia que ha de formar, como con la forma que resultará. Por tanto, la interpretación está en la base de toda actividad artística, tanto productiva como receptiva.
Este paralelismo permitirá hacer un análisis y una descripción del proceso interpretativo, que después  podrá ser aplicado a otros ámbitos. "No debe extrañar la alusión a la estética, ya que--en la experiencia artística- la estructura, del concepto de interpretación se manifiesta con particular evidencia". Por tanto, el arte será el "campo de pruebas" donde la hermenéutica de Pareyson adquirirá su precisión y validez Así, en la "filosofía de la interpretación" de Pareyson, la hermenéutica de la obra de arte se presenta muchas veces como ejemplo para ver cómo podría ser la interpretación no sólo de un texto (jurídico," histórico o filosófico), sino de todo el obrar humano y de las relaciones entre las personas.
En efecto, el filósofo turinés se sirve del arte para verificar el carácter profundamente originario de la interpretación, hasta el punto de conferirle una validez generalísima y una fecunda aplicación a todos los campos, aunque excluye de modo explícito en varias ocasiones el ámbito científico. Como consecuencia, Pareyson hablará de "analogía con el arte" cuando se refiere precisamente al conocimiento de la verdad; pero "analogía" no significa, ni estética ni confusión.
Las diferencias que existen entre la interpretación de la verdad y la de la obra de arte: La forma ya no es el centro de la interpretación, sino que lo son más bien la verdad o el ser. Ahora bien, forma y verdad son dos nombres distintos de una misma cosa. Fuente de interpretación inagotable, la forma es a su vez un producto acabado; punto de partida de la interpretación, la forma es el punto de llegada de la formación.
Sin embargo, es distinta la condición de la verdad: principio puro, fuente primera, origen absoluto. Por tanto, será también distinto el acto de interpretación: cuando éste se dirigía a la forma, trabajaba con algo finito que contenía la huella y la presencia de lo infinito; pero cuando se dirige a la verdad, la interpretación está en contacto con el mismo infinito".
"Que la verdad se da sólo dentro de la interpretación, puede ser entendido de dos formas: la verdad reside en la interpretación como estímulo y norma, sin reducirse a ésta (a la interpretación); o bien la verdad se entrega totalmente a la interpretación, disolviéndose en el acto mismo de ésta.
En el primer caso, la interpretación tiene -en lo que se refiere a la verdad- un deber de fidelidad. En el segundo caso, por el contrario, cualquier solución parece justificada, al faltar toda norma y toda distinción entre fidelidad y traición y entre el logro y el fracaso".
En el primer caso, las interpretaciones dignas de tal nombre son pocas, y están  rodeadas de una multitud de teorías erróneas, falsas, insignificantes. En el segundo caso, existen tantas interpretaciones como discursos, y todas las interpretaciones son verdaderas.
Rosso indica la simultánea relación de la persona con la verdad, sin que esto: Comprometa la  trascendencia de esta última respecto a cada persona. "Persona y forma, son los dos polos de un evento que encuentra un acceso al ser y a la realidad, sólo por medio de la interpretación" que se da en el arte y en cualquier actividad humana.
Persona y forma son una vía de acceso al ser y a la verdad que se encuentran en la realidad, y a los que se accede gracias a la interpretación.